La animación que muestra el camino de cuatro semillas en un mundo arrasado
La película de la realizadora japonesa Momoko Seto nos invita a una experiencia visual que se aleja de lo que solemos considerar cine infantil. Estrenada durante las vacaciones de invierno, “El gran viaje” se presenta como algo diferente, sin diálogos y con una mirada poética sobre la naturaleza. La historia sigue a cuatro dientes de león que buscan un nuevo hogar tras una catástrofe nuclear.
Si esperás risas y colores brillantes, tal vez te lleves una sorpresa. “El gran viaje” puede parecer abstracto y lento, lo que podría no ser atractivo para los más pequeños o para padres que buscan un entretenimiento más convencional. Pero lo cierto es que quienes disfrutan de la contemplación y del arte encontrarán en esta película un verdadero tesoro. La historia, con su dulzura y simbolismo, ofrece una hermosa mezcla de esperanza y emoción.
La producción, una colaboración entre Francia y Bélgica, utiliza animación digital junto con fotografía a una velocidad inusual, creando una atmósfera única. La película, cuyo título original podría traducirse como “Planetas”, lleva el nombre internacional de “Dandelion’s Odyssey”, aludiendo a esa delicada florecita que aquí en Argentina también conocemos como panadero. ¡Es bastante común ver a chicos (y grandes) soplando estas flores para dejar volar sus deseos!
La historia nos lleva a un viaje sin palabras, donde el viento arrastra a estas pequeñas flores mientras buscan un nuevo lugar para dejar sus semillas. Se dice que los dientes de león pueden crecer incluso en las rendijas del asfalto, y esto simboliza la resistencia y la esperanza de los más vulnerables. En el trasfondo de la narrativa, vemos que el viento es provocado por una explosión nuclear, visible a lo lejos, que causa un incendio en sus alrededores.
La trama comienza en plena oscuridad, avanzando hacia el día, mientras las flores se cruzan con otras criaturas, pero lo curioso es que en los créditos se mencionan 75 especies animales y vegetales, ¡pero ningún ser humano! Esto es bastante atípico, ya que las películas sobre explosiones nucleares suelen centrarse en las víctimas humanas. Aquí, “El gran viaje” decide enfocarse en los seres más inocentes.
Momoko Seto, la directora, presenta su primer largometraje, que, a pesar de su nombre, dura apenas 75 minutos. Antes de esto, había trabajado en numerosos cortometrajes y como montajista, destacándose en el documental “Blessures atomiques”, que relata la vida del doctor Shuntaro Hida, testigo de la bomba de Hiroshima y que dedicó su existencia a ayudar a los sobrevivientes.
El doctor Hida, que se encontraba en un lugar distante de la explosión cuando ocurrió, tardó tres horas en regresar a Hiroshima, enfrentándose a un panorama desgarrador. Desde joven, dedicó su vida a atender a las víctimas, clamando también por un reconocimiento de los horrores ocasionados por el uso militar de la energía nuclear. Su legado y testimonios perduran en documentales que buscan concientizar sobre la paz y la vida tras la tragedia.
El film de Seto no solo es una exploración artística, sino también un recordatorio poderoso de la fragilidad y la belleza de la vida, incluso en los lugares más inverosímiles. ¡Una propuesta cinematográfica que seguramente dejará una huella!